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lunes, 2 de junio de 2014

Fragmentos de historias perdidas...


Hay días en los que las palabras simplemente fluyen y aunque esperabamos publicar algo muy distinto hoy al final nos hemos decidido por algo que llevabamos mucho sin hacer. Un fragmento de una historia original, esperamos que os guste aunque no esperéis ver muchos por aquí.


UNA  MISIÓN  EN  SOLITARIO

El joven cazador suspiró, no era realmente consciente del tiempo que llevaba fuera. Sus pensamientos vagaban muy lejos de donde se encontraba su cuerpo en ese momento, caminaba sin ver a lo largo de un abarrotado mercado. Sus pasos no eran vacilantes, como cabría esperar de alguien que no presta atención a su alrededor, pero aún así se encontraba ausente.

Hacía ya varias semanas desde que la investigación de los extraños sucesos de los últimos tiempos lo había llevado a aquella alejada ciudad norteña. Debía pasar desapercibido, como cualquier viajero que atravesara una próspera ciudad comercial, pero aquello estaba muy lejos de ser lo que él había esperado.




No era la primera vez que se alejaba de su hogar por motivos similares, pero sí era la primera vez que se sentía realmente solo. Nunca había esperado que un viaje fuese para él un trago tan amargo, suspiró y acarició el pomo de la vieja espada con la que viajaba ahora, portar el emblema del gremio podría haber se convertido en un problema en tierras tan hostiles.

Siempre le había gustado considerarse un hombre de acción, un joven al que los acontecimientos no doblegaban, y que en el fondo se encontraba en un nivel superior a la realidad del resto del mundo. No se sentía realmente triste, pero algo le agitaba, una sonrisa, un pensamiento, un olor reconocible, se encontró a si mismo buscando algo que lo atara al extraño lugar que estaba obligado a frecuentar.

Apartó a un pequeño ratero de poca monta que sin duda intentaría robarle una bolsa que no contenía más que un par de monedas de baja calidad y tosco labrado. La auténtica estaba guardada en un doble bolsillo cosido a su raída capa. Aquello no le importó, el muchacho corrió atravesando el mercado y perdiéndose en una de las innumerables calles laterales. 


Islev continúo caminando, atravesó el amplio río navegable por uno de los múltiples puentes de piedra donde se detuvo por un momento a admirar las verdosas aguas, el sonido de los carros y el tráfico lo envolvía en una burbuja asfixiante. Sonrió, no había ninguna causa, quizás eran las felices parejas que se alborozaban en la orilla, o el pequeño rubio que perseguía un gran mastín negro hasta la extenuación, aquello le gustaba pero le faltaba algo.

No era del tipo de personas que permanecían mucho tiempo en el mismo sitio y quizás era aquello lo que estaba matándole, la inactividad, la espera… pero un susurro en su propia alma le decía que la razón se encontraba un poco más allá de su comprensión. Comenzó de nuevo a caminar con paso firme.

 

Cuando dejó atrás por fin las atestadas calles principales una figura encapuchada le empujó, a su espalda y exhibido con total descaro, se encontraba encordado y preparado para el combate un arco de hermosa manufactura. Islev dudaba de la probabilidad que el desconocido tendría de usarlo en las concurridas calles de la urbe.


Por un instante la capucha del personaje calló hacia atrás. Oscuros mechones de cabello femenino se desparramaron sobre sus hombros. Algo saltó en el interior de Islev, una chispa que creía calmada hace mucho tiempo, un segundo más tarde una desconocida joven se quedó mirándole y tras sonreírle recolocó de nuevo la pesada capucha sobre su cabeza.
 

Los ojos del muchacho se enrojecieron un momento mientras el cazador recuperaba la compostura. Sonrió pesadamente y giró a la derecha para atravesar una estrecha callejuela, se apoyó un instante sobre la pared obstruyendo con su cuerpo el ínfimo pasaje y suspiró.

Ella estaba muy lejos, perdida en algún recóndito bosque enfrentándose a sus propios demonios. Esta era una aventura que debía emprender solo, sacudió la cabeza y golpeó con el puño la pared de piedra que se levantaba a su espalda. Se avecinaban tiempos aciagos y no habría cabida en su corazón para miedos y sin razones.


Levantó la cabeza y emprendió de nuevo la marcha, ante él se presentaba un mundo de oportunidad y mientras lo que dejaba atrás permaneciera en el recuerdo siempre tendría un lugar al que regresar cuando todo acabara.

-Es hora de seguir adelante- Dijo al tiempo que sus ojos se clavaban en las plomizas nubes que tan a menudo parecían existir por aquellos parajes. -Volveré



Solo podemos seguir adelante
Darkpasionsplay

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