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jueves, 3 de octubre de 2013

Primer encuentro...

Hoy os traigo una pequeña historia original que presenté en el concurso de septiembre del blog fanhammer (http://www.fanhammer.es). Trata sobre Miranda Ashcroft cazarrecompensas autorizada.

PRIMER ENCUENTRO


Miranda maldijo el frío invernal, al mismo tiempo que su pálida piel se estremecía con el contacto del congelado aire. ¿Cuánto llevaba varada en aquella maldita roca? ¿Una, dos semanas quizás? La verdad es que estaba empezando a perder la cuenta. No le importaba demasiado, ya que la comida no era mala y la compañía tan indeseable como a ella le gustaba. El vodka, esto era lo único que la hacía mantener la cordura. Aquél maldito brebaje superaba con creces cualquiera que hubiese probado con anterioridad.

Desde luego las cosas habían empezado a torcerse mucho antes de que ella tomara pie en el anticuado espaciopuerto. Aquella mujer había desaparecido sin dejar rastro, había atravesado las defensas panoceánicas, se había introducido en la nave y había sacado los datos antes de que el estúpido almirante notara si quiera que estaba sufriendo un ataque.

Después, la habían llamado a ella. El tipo parecía un tanto agobiado, alguien había robado unos datos importantes que pondrían en peligro la seguridad de toda la esfera humana… y bla bla. Lo mismo de siempre, lo que a ella le importaba realmente era la paga, ¿Dos millones de créditos por atrapar a una pelirroja en un planetoide helado? ¡Era coser y cantar!


Aquella tipa era escurridiza, tenía que reconocerlo, pero no había hombre en el universo capaz de escapar de Miranda. Después de este tiempo por fin había localizado una pista sólida. La mujer era Ariadna y se escondía en unos precarios habitáculos de alquiler, había hecho desaparecer bien su rastro pero no matar a aquél ladrón había sido su perdición. Ahora Miranda la tenía y no tardaría en entregarla y cobrar su recompensa.

Se ajustó el pesado abrigo de piel que usaba para moverse cuando atravesaba las calles a pie. Mientras comprobaba con un ligero toque de su dedo índice que su pesada pistola se encontraba en el lugar de siempre, tic que no la abandonaba desde hacía diez años y que no se preocupaba en ocultar, comenzó a caminar lenta y silenciosamente. No siguió la dirección acordada de forma directa, sino que se limitó a dar un rodeo en lo que a ojos de cualquier perseguidor fueran pasos olvidadizos de una beoda borracha.

El gélido aire nocturno acariciaba sus mejillas, y cuando empezaba a temer que su llamativo cabello sonrosado comenzara a aclararse, alcanzó su objetivo. Un siniestro y monstruoso edificio de grisáceos tonos había tomado forma frente a ella.

           -Una única entrada, sin salidas de emergencia, ventanas demasiado altas y puertas de acero bruñido. Ésta tipa sabe lo que se hace. –Sonrió denotando un ansia salvaje y malevolente antes de atravesar la pesada puerta metálica.

Un resplandor azulado la recibió haciendo que su sonrisa se ensanchara aún más. Frente a ella la muchacha que había estado siguiendo se mantenía apoyada contra una pared cercana. Sus miradas se cruzaron y un instante después ambas empuñaban sendas pistolas de asalto.

          -  Eres rápida- Comentó Miranda con tranquilidad- ¿Lo suficiente?


Como respuesta la joven pelirroja apretó el gatillo de su arma. Con un ágil salto y esperando tal movimiento Miranda se lanzó hacia la derecha evitando el golpe del proyectil contra lo que instantes antes había sido su propia cabeza. Sonrió de nuevo y apretando el gatillo de su propia arma se lanzó en pos de la joven que también se había hecho a un lado.

         -   ¿Y tú? –Contestó la joven al tiempo que se agachaba empuñando una segunda pistola.

Sorprendida por su oponente Miranda saltó hacia atrás estimándola ahora un poco más. Ambas habían conseguido evitar que los proyectiles anteriores acabaran con sus vidas. Tenía que reconocer que aquella joven era buena, pero jamás reconocería que era tan buena como ella… y desde luego no tenía intención de dejarse matar en un planetucho perdido por una desconocida sin el nivel suficiente.

Mientras ninguna de las dos se daba cuartel mutuo, observándose en silencio, un hombretón de hirsuta barba pasó entre ellas sin siquiera mirarlas. En sus ojos luces bobas que denotan los efectos del DSC, una dura droga de diseño, Miranda no entendía como todavía había estúpidos que mataban su cuerpo de aquella manera.

Apartó al gigantón de sus pensamientos y continúo observando a la muchacha: mirada decidida, pasos claros, sonrisa torcida, ojos profundos. Aquella mujer era muy parecida a ella, demasiado parecida para su gusto. Suspiró y apretó el gatillo de nuevo, se abalanzó esta vez hacia la izquierda alejándose de su oponente mientras rodaba por el suelo con pasos medidos. 


La respuesta de la otra no se hizo esperar, saltó hacia atrás sobre un arcaico mostrador de madera evitando no solo el disparo sino también el impacto. Miranda sonrió, suponía que su enemiga no conocería la fuerza del proyectil, pero volvió a sorprenderse cuando comprobó que había abierto el boquete esperado en la madera pero uno del mismo tamaño en el hormigón aparecía tras ella. ¿Había vuelto a fallar? ¡Imposible!

Esa tipa tenía suerte, demasiada suerte. Estaba claro que en la distancia ambas estaban igualadas, sonrió pues estaba segura de que la expresión de la otra era similar a la suya cuando volvieron a mirarse. Ninguna había conseguido acertar en su opuesta y sabían que no lo lograrían por mucho que insistiesen. 

Enfundaron las armas y se observaron de nuevo, pensaron un segundo más del necesario antes de lanzarse hacia adelante. La mano derecha de Miranda agarró la muñeca izquierda de la pelirroja cuando ésta interpuso su pierna izquierda en la trayectoria de la derecha de Miranda.  Miranda cayó pero arrastró con ella a la joven ladrona que intentó zafarse un momento.

Un segundo después la pared tras el mostrador estalló. Miranda sorprendida soltó la mano de la muchacha que en lugar de lanzarse a correr por el muro recién derruido se acercó a ella e introdujo algo en el bolsillo interior del abrigo de ésta.

        -Eres buena cazarrecompensas, pero no tanto- Sonrió y se perdió entre los jirones de niebla nocturna.

Un momento después Miranda se levantó, le dolía la cabeza por el golpe contra el suelo y en sus oídos aún retumbaba el sonido de la explosión. Extrajo el holo-ordenador del bolsillo y sonrió. La extraña le había dejado los datos que ella perseguía. Miranda los envió apenas unas horas después y menos de diez minutos más tarde tenía los dos millones en su cuenta personal.

A solas en la habitación del motel destartalado en el que se alojaba volvió a sonreír. Aquél trabajo aún le depararía sorpresas, y  Miranda estaba segura de que éste, era solo el comienzo de una larga y divertida persecución a través de millones de kilómetros de gélido vacío espacial.

Un final siempre puede considerarse un nuevo comienzo.
Darkpasionsplay.

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